Relato cortos

UN BONITO AMANECER

Al amanecer del segundo día de julio del pasado año María se fue a la playa para disfrutar de aquel maravilloso día.

María era una mujer de piel blanca. Ella era actriz y había protagonizado muchas importantes películas.

Era alta y delgada y sobre todo muy guapa. Su cara era redonda y poseía un rubio y largo pelo rizado que solía llevar suelto. Ella tenía unos ojos vivos de color miel, una boca siempre sonriente, unas orejas pequeñas, una nariz chata, unas manos y unos brazos finos y unas bonitas y largas piernas.

Ese día vestía un bonito bikini rosa con volantes de colores y un pareo de mandalas. Calzaba unas sandalias con perlas.

Ella estaba muy alegre ya que sentía que estaba disfrutando de la vida. Era una chica apasionada, encantadora, valiente, trabajadora y a veces un poco impaciente.

De camino a la playa María se encontró una caja con un perrito abandonado en una esquina al que acogió y llamo Manchitas.

Su piel estaba cubierta de pelo de color canela y tenía manchas negras. Este tenía unas pequeñas patas y un corto y pequeño rabo

Destacaba por lo rápido que era.

Después de varios minutos caminando con su perrito dormido en sus manos, llegó a la playa.

Aquel paisaje costero presentaba en primer plano se veían rocas de color marrón oscuro pertenecientes al acantilado. En medio se veía una capa de arena fina y dorada que cada vez estaba mas mojada. En el horizonte se veía el mar salado con unas olas de agua no muy transparente. Había algunas papeleras para que los ciudadanos depositaran allí su basura, aunque María se decepciono al ver que eso no ocurría y la arena estaba llena de residuos.

Ella como buena ciudadana se puso a recoger los residuos y tirarlos en la basura

Después María se instaló en la playa, es decir colocó su sombrilla, extendió su toalla y se sentó en ella para jugar con Manchitas, su perro que se sentía muy contento de tener una nueva familia que le quería.

María disfrutó de un día espléndido junto con Manchitas el perro del que María nunca se separó.

Daniela P de 5º

HUGSDIGENIAL.

El sábado pasado un niño llamado Hugo que tiene nueve años fue ese mismo día por la tarde a jugar a un partido de fútbol. Él es muy simpático aunque tiene mucho genio. Su familia le encanta ir a ver a su hijo jugar y animarlo mucho. Su padre Mateo también le gusta el fútbol, su madre Carlota no le gusta mucho pero aun así le anima mucho y su hermana mayor Lola le encanta estar allí para acompañarlo.

Hugo iba vestido con una camiseta blanca y roja, su pantalón es rojo color sangre, sus calcetines son blancos y sus botas que le regalaron por su cumple son negras con rayas blancas. Su equipo va vestido igual que él, menos los zapatos que pueden ser como quieran y detrás de la camiseta tienen un número asignado y él es el número doce.

Cuando llegaron allí su equipo se pusieron a calentar para que no les pasaran nada. Cuando terminaron, el equipo contario y su equipo empezaron a jugar. Allí había mucha gente, familiares, amigos, vecinos…

El estadio es redondo, junto a la puerta hay un kiosco para comprar algo, en frente del kiosco hay un muro para que la gente que se han quedado sin entrada puedan sentarse para ver el partido. En frente del muro está el campo y a los laterales  están los banquillos. Y lo de más eran butacas con un número para ver dónde se sientan y en la entrada ponen el número de butaca.

Ya casi terminando el partido se escucha un ruido como el de una llama. Todo el mundo empezó a mirar hacia la puerta y justamente en ese momento entran cuatro llamas a la vez. Las personas empezaron a correr y a recoger a sus hijos del campo, el padre de Hugo se llevó a Lola al aparcamiento y la madre de Hugo recogió a su hijo del campo, pero las llamas se metieron en el campo de futbol mientras que ellos estaban dentro.

Las llamas eran de color marrón claro, con unos ojos muy saltones y con una lengua muy larga.

El entrenador de Hugo es muy bueno, entonces llamó a las llamas para que se fuesen, pero no se iban. Mateo y Lola estaban muy preocupados, pero tuvieron paciencia y  se esperaron un poco. El entrenador cogió pan del  kiosco y se fueron alejando hasta salir del campo.

Hugo y su madre estaban preocupados y a la vez asustados. Ellos se lo agradecieron al entrenador. Salieron del campo y directamente fueron al aparcamiento y ahí estaban su hermana y su padre esperándolos. Ya estaban muy alegres y se fueron para su casa. El entrenador para agradecerle lo que paso ese día, se los llevo a los niños que jugaron en el partido a comer al Telepizza y se pusieron muy contentos.

Ainara 19 de 5º

RABEL PERDIDO

 

La primavera pasada, la clase de quinto del Colegio Mulecón junto con su nueva profesora,  una joven maestra llamada Laia se fueron de campamento.

 

Laia era joven, alta, su pelo era rubio, su piel  morena y era bastante graciosa.

La última noche del campamento Lucas, unos de sus alumnos, se encontró con un perrito abandonado era peludo, gordito y su piel era gruesa y marrón.

Todos los alumnos estaban encantados con el perrito pero claro le tenían que poner un nombre y le  llamaron Rabel.

Lucas pasó la última noche del campamento con Rabel. Al día siguiente Lucas le preguntó a su madre si se lo podía llevar a casa, a su madre le daba un poco de miedo los perros, así que le dijo que no se lo podía llevar a casa. Laia propuso una idea: ella se  llevaba a Rabel y lo llevaría al colegio, así  cuando ellos estuvieran en el  cole podían estar y jugar con  Rabel. Y así fue.

Al día siguiente llegaron todos al colegio pero se encontraron con una gran sorpresa Rabel  no estaba allí. Como el colegio era grande, luminoso y tenía bastantes escaleras…Empezaron a buscar en ese mismo momento, buscaron por todo el colegio y no estaba. Lucas se fue a un rincón a llorar pero Laia lo vio y lo tranquilizó. Buscaron otro método para buscar a Rabel que era dividirse en 4 grupos y buscar por toda la ciudad.

Encontraron a la guardia civil y le preguntaron si habían visto al perro y les dijo que sí que había cruzado la carretera hasta llegar a la tienda Pasión todos corrieron hacia allí y estaba allí  lo abrazaron y lo celebraron comiendo en el  Pomodoro.

A partir de ahí Rabel no se escapó más.

Naiala de 5º

 

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